Podcast #6: Pedro Santos, o como construir un imperio antes de los 30

Existen grandes historias que no sorprenden a los que conocen el impulso del que las forja. Historias de imponentes logros, de hombres revestidos con el coraje de perseguir sus sueños, y de individuos que han superado lo que se creía imposible, que vienen impregnadas con la particularidad de que no deslumbran a los que han podido presenciar la génesis de su propulsión, ni causar una algarabía entre los que conocen la trayectoria de esta rara especie que convive entre las masas anestesiadas. Este selecto grupo de seres que ha logrado desmembrar las paredes de sus propias limitaciones, han adquirido la capacidad de transformar el ambiente que los rodean y de marcar sus huellas en cada paraje que la vida le proporciona. En el caso de Pedro Santos Sang, que a los 28 años fue exaltado en la revista Forbes en la sección ’30 con menos de 30 años’ por ser uno de las jóvenes promesas en el sector del gas natural, y ganador del máximo galardón en el Premio Nacional de la Juventud 2012, la sorpresa no perteneció a la lista de emociones que generó en mi la fascinante noticia. Más bien, puedo decir que la noticia simplemente siguió confirmando la realidad de que algunos seres humanos se mueven a mayores revoluciones por segundo que sus coetáneos, y Pedro Santos Sang pertenece a este exclusivo grupo de personas que hacen de lo imposible algo palpable y real.

Hace quince años, mientras los dos éramos parte del equipo nacional juvenil de tenis de mesa, Pedro me propuso irnos a Suecia a entrenar con los mejores jugadores del mundo por tres meses. En aquel momento, aquella idea me pareció tan descabellada y alucinante, que la adrenalina que generé planeando aquella travesía y viviendo aquella aventura cambiaría mi vida para siempre. Convivimos muy de cerca durante aquellos meses, y me acuerdo que lo más impresionante de observar de cerca a aquel mítico era la dedicación absoluta con la que se entregaba a cualquier actividad que le tocaba vivir. Como si no existiese mas nada en el mundo, toda su energía se canalizaba en su constante búsqueda para superarse como atleta y lograr consolidarse en el competitivo mundo del tenis de mesa.

En aquel verano sueco, mientras el sol se mantenía sobre el horizonte veinticuatro horas al día, y tratábamos de sellar las ventanas pegando pósters oscuros para poder conciliar el sueño, llegué a la conclusión que Pedro estaba destinado a emprender grandes proyectos y a cambiar el mundo que le rodeaba. No solo ya concebía muchas ideas anómalas para un joven de su edad, sino que sabía a ciencia cierta que no se detendría hasta ver logrado todo lo que salía de su boca soñadora. Me acuerdo que aquel año, a pesar de que la mayoría de jugadores de alto nivel dominicano le llevaban años de práctica, Pedro logró conseguir el primer lugar en una eliminatoria nacional juvenil superando a un grupo de jugadores que lo superaban considerablemente en nivel y experiencia. Me acuerdo haber sentido que su triunfo no había sido determinado simplemente con una depurada técnica y preparación, sino con una convicción absoluta de que sería el campeón aquel día.

Unos años más tarde, mientras terminaba mi maestría en la Universidad de Boston, volví a encontrarme con Pedro por entre las antiguas calles de Cambridge mientras el industrioso empezaba su maestría en la prestigiosa universidad de MIT. La nieve nos había arropado y ambos tratábamos de ampararnos del frío en un comedor de comida asiática que le servía a los estudiantes de la zona. “Me he involucrado en el sector de energía verde”, me acuerdo que me dijo mientras nos bebíamos un té caliente. “Tengo algunas ideas que revolucionarán el mercado”, me dijo con esa chispa en los ojos que solo he podido presenciar unas pocas veces en mi vida. Desde aquel día, supe que era cuestión de tiempo volver a escuchar sobre Pedro en los medios de comunicación.

Unos años después y habiendo ponderado suficiente sobre lo que marca la diferencia entre la mediocridad humana y los más altos niveles de excelencia, he llegado a la conclusión de que la pasión y la capacidad de imbuir nuestros pensamientos con la absoluta convicción del triunfo es lo que determina quien sube a la cúspide de la montaña y logra ver el infinito desde su majestuosa cúpula. Ya es hora de que la juventud dominicana comience a tomar como ejemplo casos como el de Pedro Santos Sang para que cambiemos el curso de esta nación sedienta de héroes, líderes, y modelos que puedan transformar nuestra visión sobre lo que somos y lo que podemos llegar a ser.

Escucha la entrevista con Pedro Santos Sang dándole a play más abajo, o escúchala en STITCHER o en ITUNES buscando el podcast "Planeta Intimo".